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Mosca del olivo (Bactrocera oleae)

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La mosca del olivo es la plaga más importante en el cultivo del olivar. Se distribuye en el área mediterránea, en el occidente de Asia y en muchas zonas de África. Puede desarrollar de dos a cuatro generaciones anuales dependiendo de la climatología. Las hembras de la primera generación hacen la puesta en aceitunas que se encuentran endureciendo el hueso, generalmente entre la segunda quincena de julio y agosto, dependiendo de las zonas.

La oviposición se efectúa mediante una pequeña incisión en la piel del fruto, que a los pocos días cambia de color, tornándose ocre y quedando una marca característica.

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Cuando la larva nace comienza a excavar una galería, alimentándose de la pulpa y desarrollando tres fases larvarias, todas de color blanco o ligeramente amarillento.

Al terminar su desarrollo, la larva de tercera edad comienza a transformarse en pupa en el interior del fruto o en el suelo.

En cualquier caso, se observa un orificio de salida, que desemboca en una tortuosa galería extendida por todo el fruto.

Los adultos de esta generación de verano dan lugar a la siguiente generación de otoño, iniciando la “picada” u oviposición entre septiembre y octubre, dependiendo de las zonas. En esta ocasión, el fruto se encuentra en su máximo tamaño en la fase de envero, y no es raro encontrar más de una picada en una misma aceituna.

Dependiendo del clima de las comarcas olivareras, podrá desarrollarse otra generación o directamente afrontará el invierno en forma de pupa. Los factores ambientales, especialmente la temperatura, son determinantes en el desarrollo e intensidad del ataque de la mosca del olivo. Así, zonas con altas temperaturas en verano (por encima de los 36ºC) muy frecuentes en las campiñas andaluzas, apenas registran presencia de la plaga.

Sin embargo, zonas de montaña con veranos frescos tienen una presión constante de este díptero. Algunos años en las campiñas cercanas a zonas de sierra aparecen daños de mosca en otoño. (Tomado de Bejarano et al., 2011).

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Síntomas y daños

Los daños directos más importantes se producen durante el estado larvario. Las larvas viven y se alimentan del interior del fruto (una larva es capaz de comerse entre un 10 y un 30% del peso de la aceituna). Es frecuente que en esta época se caiga la aceituna conforme crecen las larvas, produciendo una clara pérdida de producción.

Los daños indirectos se deben a la pérdida de calidad del aceite obtenido a partir de los frutos atacados, consecuencia de la proliferación de hongos y otros microorganismos en el interior de las galerías abandonadas, que deterioran las características químicas y organolépticas del aceite extraído.

En aceituna de mesa, los daños son más acusados ya que los frutos atacados son eliminados comercialmente.

Medidas de prevención y/o culturales

La presencia de plantas de olivarda (Dittrichia viscosa), alcaparrera (Capparis spinosa) u otro tipo de planta que favorezca el establecimiento de parasitoides de la mosca del olivo.

Igualmente, la presencia de setos en las lindes permiten la actuación de los enemigos naturales autóctonos sobre la mosca. Esta medida es opcional.

Labranza del suelo del olivo después de la recolección, para disminuir la población invernante.

Recolección temprana para reducir al máximo los efectivos de la generación de otoño que serán el origen de las poblaciones del año siguiente.

Controlar el exceso de abonado nitrogenado y el exceso de vegetación, que favorecen el desarrollo de la mosca, gracias al microclima más fresco que se crea entre las ramas.

Por el mismo motivo, un microclima más fresco favorable para la mosca, puede ser interesante regular el riego en verano.

Hay variedades más sensibles como la “gordal”, “manzanilla” u “hojiblanca”.

Medidas alternativas al control químico

Además de los medios señalados en este apartado, para minimizar el uso de los medios químicos, hay que considerar las medidas de prevención y/o culturales, pudiendo ser alternativas al control químico.

Medios biotecnológicos

Trampeo masivo y de atracción y muerte: se trata de colocar un número determinado de trampas por hectárea, con atrayentes para los adultos, y en algunos casos también con sustancias insecticidas, de tal manera que se reduzca la población de adultos. Existen diferentes modelos, y deben colocarse en la época, número y posición que diga el fabricante. En lugares con alta incidencia de la plaga no suelen ser un método de control suficiente para evitar el daño.

Medios químicos

Podremos utilizar los productos fitosanitarios autorizados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Se escogerán los tratamientos cebo antes que los tratamientos totales, siempre y cuando no se vea afectada la eficacia en el control de la plaga.

Visita el siguiente enlace: https://www.mapa.gob.es/es/agricultura/temas/sanidad-vegetal/productos- fitosanitarios/registro/menu.asp.

Bibliografía

Información extraÍda de “Guía de gestión integrada de plagas Olivar” del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Fotografías: Jordi Mateu Pozuelo (1-6) y Manuel Ruiz Torres (7 y 8).

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